Cuando era niño, yo vivía en una casa pequeña en un barrio que se llamo Woodlawn.  La casa semiadosada estaba cerca de la vía del tren y una calle ruidosa.  Yo compartía un cuarto con mi hermano y la casa tenía un patio trasero donde mi madre trataba a cultivar algunas plantas.  A mi vecino no le gustaba mi familia porque siempre yo tiraba mi balón de fútbol en su jardín.

Sin embargo, una vez por año, viajaba para las vacaciones a mi casa en Irlanda.  Me encantaba este lugar.  Me parecía un castillo en comparición a mi casa en Woodlawn.  Cuando llegué, yo atraversé con el coche dos puertas de madera con una lámpara de hierro forjado en cada uno de los dos pilares de la puerta.  El jardín tenía los setos que jardineros cortaban perfectamente y las plantas eran mejor que las de mi madre en Nueva York.  No necesitaba compartir un cuarto con mi hermano desordenado.  Mi característica favorita sobre la casa estuvo el tamaño del jardín.  Hay espacio suficiente para mí a jugar sin estaba molestado a los vecinos.  Si el espacio fue insuficiente, la Parque Nacional estaba por la calle.  Había muchas tiendas en el pueblo, Killarney, cerca de mi casa, y mi madre me permitía visitar las tiendas porque en Killarney, no hay una calle peligrosa como mi casa de Woodlawn.  También, me gustaba el lavaplatos porque no debía limpiar los platos después de cenar cada noche.  Esta casa fue todo lo que quería.  Yo tenía la libertad para hacer muchas actividades y el espacio donde hacerlos.